Este es uno de los ultimos cuentos que escribi, y me gusta mucho; pero que sea de su agrado
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Sangre
No sé muy bien porque escribo esto; quizás busco acallar las voces del
miedo y del pasado, que en mi interior gritan y narran lo sucedido aquella noche. Aun tiemblo al ver una sombra, aun me despierto a mitad de mi sueño, gritando el nombre de mi amigo, viendo su rostro desencajado y deforme, mientras mis manos acaban con su torturada existencia.
Mi nombre es Eduard Willsten, y todo lo narrado a continuación es la más aterradora verdad.
Ambos nacimos en el año 1896, en Ravenwood, un pequeño pueblo del sur de
Mi nombre es Eduard Willsten, y todo lo narrado a continuación es la más aterradora verdad.
Ambos nacimos en el año 1896, en Ravenwood, un pequeño pueblo del sur de
Inglaterra; se llamaba James Blackstone, hijo único de la familia más poderosa del pueblo y el mejor amigo que jamás tuve. Al estallar la Gran Guerra nos unimos al ejercito Británico, sin sospechar lo que nos esperaba en el frente. Trincheras angostas, bombas que rugían constantemente, el
martilleo continuo de la ametralladora y el avance implacable de los tanques enemigos. Fue por suerte o providencia, que permanecimos juntos y vivos la gran mayor parte del conflicto, hasta el trágico 21 de septiembre de 1917.
Ese día, fue el primero en el que no luchamos juntos. A él, junto con otros hombres, lo enviaron como refuerzos en una posición crítica en el frente; en cambio yo me quede en la base, junto con el resto del pelotón, esperando órdenes.
Al atardecer, recibimos un mensaje del bunker donde James se encontraba, estaban siendo atacados por una enorme cantidad de soldados enemigos, las bajas eran muchas y pedían refuerzos con los que aguantar el asedio enemigo. El resto del pelotón y yo fuimos enviados como ayuda; corrimos como diablos, deseando llegar lo antes posible, para evitar una carnicería.
Llegamos demasiado tarde.
Nada pudo habernos preparado para el infierno que encontramos en ese lugar, no había nadie con vida, el suelo era barro rojo, rebalsando de sangre humana, las trincheras estaban llenas de cadáveres mutilados, tanto de enemigos como de aliados, desfigurados, decapitados y el interior del bunker guardaba lo peor de esa demencial imagen; todo estaba cubierto de sangre y viseras, el techo chorreaba muerte y en medio de todo estaba el, James, murmurando…
5 años pasaron desde ese día, al terminar la guerra nunca más nos vimos, lo único que supe de James es que se fue a vivir a la vieja mansión de su familia, allí en Ravenwood. Yo me vine a vivir a Londres. Ninguna autoridad quiso siquiera averiguar qué fue lo que sucedió, todo fue archivado y sepultado en algún rincón de alguna oficina y a mí me tomo mucho tiempo y alcohol, el poder volver a dormir sin soñar que me ahogo en un mar totalmente rojo. Pero hace 6 días me llego una carta de él, escrita a mano, casi en garabatos.
“Tal vez creas que estoy demente, al intentar contactarte luego de tanto tiempo, pero sé que solo tú puedes
ayudarme. No puedo contarte nada más, solo puedo esperar a que vengas.
James Blackstone”
Algo dentro de mí me gritaba para que no fuera, que ya mismo quemara esa carta y olvidara todo lo que tenga que ver con James, aun si fuera necesario volver a depender del alcohol; pero no podía dejar abandonado a quien fue mi granamigo, no era honorable, no era lo correcto. Esa misma noche partí hacia la vieja mansión.
A los dos días de viaje, llegue finalmente a la residencia Blackstone, y contemple como el brillo y el lujo desapareció totalmente, dejando las paredes sucias y roídas, los vidrios rotos y una salvaje vegetación lo cubrieron todo. Nunca me había gustado esa casa, aun cuando muchos de los mejores momentos de mi vida transcurrieron en ella, siempre sentia que había algo que no me cerraba; el pueblo decía que estaba embrujada, ya que albergaba muchas tragedias entre sus paredes. El padre
de James, murió a los 38 años de edad, al caerse por las escaleras y partirse la cabeza al llegar abajo, la mancha de sangre no se borró nunca. La hermana mayor de James, una hermosa y triste mujer, se suicidóa los 22 años, al cortarse las venas y escribir en la pared con su sangre “ya no soporto el silencio”. La madre desapareció días después de dar a luz a James, nunca
se supo que fue de ella.
La casa parecía abandonada, ninguna luz o ruido se filtraba a través de las paredes, lo que le daba un aspecto a un monumental mausoleo, de macabras proporciones y formas, como un hogar para los muertos y los fantasmas. Golpee la puerta y nadie respondía; vuelvo a golpear, esta vez más fuerte, pero seguía sin salir nadie; a punto de irme, la puerta se abre con un chillido agudo dejándome ver la sombra consumida de quien fuera James, mi amigo. En un principio me costó reconocerlo, su rostro joven había sido usurpado por una enorme mueca de asco, por ojos que por momentos eran temerosos para luego mostrarse arrogantes y por arrugas prematuras.
“Gracias por venir” me dijo fríamente, y sin más me condujo a lo largo de la mansión, oscura y fría. En ningún momento cruzo palabra alguna entre nosotros, el caminaba delante mío, marcándome el camino entre las penumbras que lo ocultaban todo y yo lo seguía mientras los recuerdos me asaltaban a cada paso; en ellos veía rincones antes luminosos, salones abarrotados de risas, ahora ya muertos y cubiertos de polvo, eran fantasmas de otro tiempo.
Bajando casi a ciegas, llegamos al sótano de la residencia, donde todo el suelo de madera había desaparecido, y en su lugar se veía un enorme agujero, de 7 metros de diámetro y unos 5 metros de ancho. Al mirar con más cuidado, vi que en los bordes del hueco había agujeros, túneles por los que difícilmente pudiera entrar una persona.
Pero nada de lo narrado anteriormente se compara con lo que había en medio de esa depresión; un obelisco de unos 3 metros de alto echo de un oscuro cristal, totalmente tallado con manos y brazos, que recorrían la oscura roca, desde la base hasta la punta. Una vez abajo, toque el extraño monumento, estaba totalmente frio y vibraba de forma casi imperceptible.
“Seguro que te estas preguntando que es todo esto, para que te llame”
Hablaba rápidamente, excitado, como si toda esta extraña situación le fuera divertida.
“Creo que recuerdas tanto como yo, lo que ocurrió hace 5 años. Esa sangre… toda esa sangre y muerte tiene un sentido, un propósito. No hay horror que ellos no deseen, todo es por ellos…”
“¿Quiénes son ellos? De que me estás hablando”
“Ellos, los que llamamos dioses, los que nos controlan desde las sombras, desde la oscuridad que se forma en la unión de los sueños y la realidad. Yo los conocí en la guerra, toda guerra es de su invención, de su capricho, yo los vi y me convertí en su mensajero y es hora de que tú los conozcas”
De entre sus ropas, James saco una navaja y sin dudarlo, con una frialdad demencial, la clavo profundamente en su mano, para luego apoyarla en el monolito. No supe que hacer, estaba paralizado contemplando a esa sombra burlona, contemplando como la sangre se deslizaba por las extremidades talladas del monumento, cuando el sonido de unos pies deslizándose entre las rocas me libero del trance.
Seres extraños surgieron desde los túneles, pálidos como cadáveres, de miembros extremadamente largos y flacos, sin rostro, sin ojos, nariz y odios, solo una enorme boca ausente de labios, de donde colgaba una lengua totalmente negra. Tanteando el suelo, llegaron al obelisco y comenzaron a lamer ávidamente la sangre que en él se había desparramado.
“¡Son ellos, son ellos!, son hermosos ¿no crees?, viven de la sangre, de nuestra sangre, es lo que les da fuerza y los mantiene vivos a lo largo de los eones. Hay más, muchos más, enormes seres que habitan el inframundo, alimentándose de la sangre humana que se derrama por los suelos; y esta su rey, el más grande, temible y viejo de todos, el que se mete en nuestras mentes y nos lleva a la locura. ¡Yo lo vi, Eduard! Yo lo vi y hable con él, en mis sueños, en mis sombras, en los horrores de la guerra, contemple su voluntad más allá de todo. El me eligió, él me quiere y yo lo quiero y por eso tengo que transformarme, tengo
que ofrecerle un sacrificio y es ahí en donde tú, mi gran amigo, entras en escena”
Con los ojos llenos de una furia infame, se lanza corriendo esgrimiendo la navaja aun cubierta con su sangre. A nuestro alrededor, los seres blancos nos contemplaban sin vernos, siguiendo el hedor a lucha y muerte…
Todo termina, el cuerpo de quien fue mi amigo, yace muerto en el fondo de ese agujero; en ese momento no supe que pensar, pero ahora a medida que fui escribiendo este relato, una idea se apodero de mi mente, tan fuerte y viva que me es imposible ignorarla; tengo que descender y acabar con aquello con lo que James lucho toda su vida, no sé cómo lo hare, tampoco alcanzo a comprender con lo que me encontrare allá abajo, pero debo hacerlo, aun a costa de mi alma.
Rezaría, pero no puedo pedirle algo al ser a quien voy a matar.
trotamundos solitario
martilleo continuo de la ametralladora y el avance implacable de los tanques enemigos. Fue por suerte o providencia, que permanecimos juntos y vivos la gran mayor parte del conflicto, hasta el trágico 21 de septiembre de 1917.
Ese día, fue el primero en el que no luchamos juntos. A él, junto con otros hombres, lo enviaron como refuerzos en una posición crítica en el frente; en cambio yo me quede en la base, junto con el resto del pelotón, esperando órdenes.
Al atardecer, recibimos un mensaje del bunker donde James se encontraba, estaban siendo atacados por una enorme cantidad de soldados enemigos, las bajas eran muchas y pedían refuerzos con los que aguantar el asedio enemigo. El resto del pelotón y yo fuimos enviados como ayuda; corrimos como diablos, deseando llegar lo antes posible, para evitar una carnicería.
Llegamos demasiado tarde.
Nada pudo habernos preparado para el infierno que encontramos en ese lugar, no había nadie con vida, el suelo era barro rojo, rebalsando de sangre humana, las trincheras estaban llenas de cadáveres mutilados, tanto de enemigos como de aliados, desfigurados, decapitados y el interior del bunker guardaba lo peor de esa demencial imagen; todo estaba cubierto de sangre y viseras, el techo chorreaba muerte y en medio de todo estaba el, James, murmurando…
5 años pasaron desde ese día, al terminar la guerra nunca más nos vimos, lo único que supe de James es que se fue a vivir a la vieja mansión de su familia, allí en Ravenwood. Yo me vine a vivir a Londres. Ninguna autoridad quiso siquiera averiguar qué fue lo que sucedió, todo fue archivado y sepultado en algún rincón de alguna oficina y a mí me tomo mucho tiempo y alcohol, el poder volver a dormir sin soñar que me ahogo en un mar totalmente rojo. Pero hace 6 días me llego una carta de él, escrita a mano, casi en garabatos.
“Tal vez creas que estoy demente, al intentar contactarte luego de tanto tiempo, pero sé que solo tú puedes
ayudarme. No puedo contarte nada más, solo puedo esperar a que vengas.
James Blackstone”
Algo dentro de mí me gritaba para que no fuera, que ya mismo quemara esa carta y olvidara todo lo que tenga que ver con James, aun si fuera necesario volver a depender del alcohol; pero no podía dejar abandonado a quien fue mi granamigo, no era honorable, no era lo correcto. Esa misma noche partí hacia la vieja mansión.
A los dos días de viaje, llegue finalmente a la residencia Blackstone, y contemple como el brillo y el lujo desapareció totalmente, dejando las paredes sucias y roídas, los vidrios rotos y una salvaje vegetación lo cubrieron todo. Nunca me había gustado esa casa, aun cuando muchos de los mejores momentos de mi vida transcurrieron en ella, siempre sentia que había algo que no me cerraba; el pueblo decía que estaba embrujada, ya que albergaba muchas tragedias entre sus paredes. El padre
de James, murió a los 38 años de edad, al caerse por las escaleras y partirse la cabeza al llegar abajo, la mancha de sangre no se borró nunca. La hermana mayor de James, una hermosa y triste mujer, se suicidóa los 22 años, al cortarse las venas y escribir en la pared con su sangre “ya no soporto el silencio”. La madre desapareció días después de dar a luz a James, nunca
se supo que fue de ella.
La casa parecía abandonada, ninguna luz o ruido se filtraba a través de las paredes, lo que le daba un aspecto a un monumental mausoleo, de macabras proporciones y formas, como un hogar para los muertos y los fantasmas. Golpee la puerta y nadie respondía; vuelvo a golpear, esta vez más fuerte, pero seguía sin salir nadie; a punto de irme, la puerta se abre con un chillido agudo dejándome ver la sombra consumida de quien fuera James, mi amigo. En un principio me costó reconocerlo, su rostro joven había sido usurpado por una enorme mueca de asco, por ojos que por momentos eran temerosos para luego mostrarse arrogantes y por arrugas prematuras.
“Gracias por venir” me dijo fríamente, y sin más me condujo a lo largo de la mansión, oscura y fría. En ningún momento cruzo palabra alguna entre nosotros, el caminaba delante mío, marcándome el camino entre las penumbras que lo ocultaban todo y yo lo seguía mientras los recuerdos me asaltaban a cada paso; en ellos veía rincones antes luminosos, salones abarrotados de risas, ahora ya muertos y cubiertos de polvo, eran fantasmas de otro tiempo.
Bajando casi a ciegas, llegamos al sótano de la residencia, donde todo el suelo de madera había desaparecido, y en su lugar se veía un enorme agujero, de 7 metros de diámetro y unos 5 metros de ancho. Al mirar con más cuidado, vi que en los bordes del hueco había agujeros, túneles por los que difícilmente pudiera entrar una persona.
Pero nada de lo narrado anteriormente se compara con lo que había en medio de esa depresión; un obelisco de unos 3 metros de alto echo de un oscuro cristal, totalmente tallado con manos y brazos, que recorrían la oscura roca, desde la base hasta la punta. Una vez abajo, toque el extraño monumento, estaba totalmente frio y vibraba de forma casi imperceptible.
“Seguro que te estas preguntando que es todo esto, para que te llame”
Hablaba rápidamente, excitado, como si toda esta extraña situación le fuera divertida.
“Creo que recuerdas tanto como yo, lo que ocurrió hace 5 años. Esa sangre… toda esa sangre y muerte tiene un sentido, un propósito. No hay horror que ellos no deseen, todo es por ellos…”
“¿Quiénes son ellos? De que me estás hablando”
“Ellos, los que llamamos dioses, los que nos controlan desde las sombras, desde la oscuridad que se forma en la unión de los sueños y la realidad. Yo los conocí en la guerra, toda guerra es de su invención, de su capricho, yo los vi y me convertí en su mensajero y es hora de que tú los conozcas”
De entre sus ropas, James saco una navaja y sin dudarlo, con una frialdad demencial, la clavo profundamente en su mano, para luego apoyarla en el monolito. No supe que hacer, estaba paralizado contemplando a esa sombra burlona, contemplando como la sangre se deslizaba por las extremidades talladas del monumento, cuando el sonido de unos pies deslizándose entre las rocas me libero del trance.
Seres extraños surgieron desde los túneles, pálidos como cadáveres, de miembros extremadamente largos y flacos, sin rostro, sin ojos, nariz y odios, solo una enorme boca ausente de labios, de donde colgaba una lengua totalmente negra. Tanteando el suelo, llegaron al obelisco y comenzaron a lamer ávidamente la sangre que en él se había desparramado.
“¡Son ellos, son ellos!, son hermosos ¿no crees?, viven de la sangre, de nuestra sangre, es lo que les da fuerza y los mantiene vivos a lo largo de los eones. Hay más, muchos más, enormes seres que habitan el inframundo, alimentándose de la sangre humana que se derrama por los suelos; y esta su rey, el más grande, temible y viejo de todos, el que se mete en nuestras mentes y nos lleva a la locura. ¡Yo lo vi, Eduard! Yo lo vi y hable con él, en mis sueños, en mis sombras, en los horrores de la guerra, contemple su voluntad más allá de todo. El me eligió, él me quiere y yo lo quiero y por eso tengo que transformarme, tengo
que ofrecerle un sacrificio y es ahí en donde tú, mi gran amigo, entras en escena”
Con los ojos llenos de una furia infame, se lanza corriendo esgrimiendo la navaja aun cubierta con su sangre. A nuestro alrededor, los seres blancos nos contemplaban sin vernos, siguiendo el hedor a lucha y muerte…
Todo termina, el cuerpo de quien fue mi amigo, yace muerto en el fondo de ese agujero; en ese momento no supe que pensar, pero ahora a medida que fui escribiendo este relato, una idea se apodero de mi mente, tan fuerte y viva que me es imposible ignorarla; tengo que descender y acabar con aquello con lo que James lucho toda su vida, no sé cómo lo hare, tampoco alcanzo a comprender con lo que me encontrare allá abajo, pero debo hacerlo, aun a costa de mi alma.
Rezaría, pero no puedo pedirle algo al ser a quien voy a matar.
trotamundos solitario
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